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«Los conejos malditos», ¿cómo acabó un vino de Toledo de menos de 10 euros en una escena de «Una batalla tras otra»?

Siempre se dice que la mejor publicidad es la que llega sin hacer nada, la que no se paga. Así que en la bodega Más que Vinos estarán entre encantados y sorprendidos al ver que su «Los conejos malditos» se ha colado en una escena de «Una batalla tras otra», la película de Paul Thomas Anderson con una larga lista de nominaciones a los Oscar.

La noticia lleva días en todos los medios, pero por lo que leo nadie ha conseguido averiguar como acabo este tinto de Toledo que se puede encontrar por menos de 10 euros en manos de DiCaprio. Que, por cierto, lo toma en un vaso, no en una copa. Cosas del guión, suponemos, pero resulta que ese gesto tampoco desentona con un vino sencillo -en el mejor sentido de la palabra- y pensado para un público que no quiere complicarse demasiado, sino simplemente beber un vino rico. Lo probamos hace tiempo y nos gustó porque da lo que promete.

Se trata, por cierto, de un tinto de maceración carbónica. Un tipo de elaboración que consigue vinos muy frescos y con carácter. Un tinto joven de trempanillo, con tapón de rosca al que, como decíamos, lo del vaso le sienta perfectamente. Mejor que una cata de esas en las que alguien se empeña en buscar referencias de aromas o sabores que a pocos interesan.

Pero, volviendo a la película, confesamos que nos encantaría saber cómo este vino llegó hasta esa escena. Vamos a ser realistas y asumir que es el típico detalle que pasa desapercibido para la inmensa mayoría de espectadores. De hecho, por aquí sólo se empezó a hablar del tema cuando alguien de la bodega se fijó y tuvo la feliz idea de comunicarlo.

Vamos a ser también optimistas, así que no vamos a imaginar que alguien de producción con un poco de prisa y cero interés enológico, vio el nombre en español y, por aquello de la película fronteriza, pensó que aquello estaría bien como vino mexicano.

La respuesta más sencilla suele ser la buena, así que seguramente el nombre y, sobre todo, la etiqueta -realizada por el estadounidense Dustin Harbin- le parecieron simpáticas a alguien.

Ademas, según apuntan los cinéfilos, el director es muy dado a incluir personajes enmascarados en sus películas, así que los conejos de este vino dan perfectamente para el papel. Unos conejos que, según explican desde la bodega, sin querer también marcaron el perfil del vino: hicieron estragos en el viñedo, provocando una producción menor pero también de más calidad.

En cualquier caso, aunque nos quedemos con la duda de cómo llegó este vino a una de las películas más aclamadas del año, no está de más recordar que, guste a no a los entendidos en la materia, muchas veces el vino se elige por su etiqueta. Y a veces se acierta.