
La primera vez que, hace ya años, me cobraron 2,5 euros por un bollo de mantequilla en una conocida pastelería del centro de Bilbao me costó disimular la cara de susto y reprimir el hostias natural que a los de Bilbao nos sale solo. Tal vez habría sido una buena idea para identificarme como local, por si había precio amigo para los de allí.
Es verdad que el bollo en cuestión es de los mejores de la ciudad, que es un producto artesanal, que lo bueno hay que pagarlo y que los industriales de esas omnipresentes cadenas de cafeterías que han invadido todo tampoco cuestan mucho menos y son terribles.
Pero daba igual porque luego uno podía reconciliarse un poco con la humanidad al ver que los estupendos bollos de Leku Ona costaban casi lo mismo. En un aeropuerto, un milagro. Tal vez lo repetimos demasiadas veces, pero el caso es que esta pastelería de Mungia ha tomado nota, ha cambiado su puesto en el aeropuerto por otro más vistosos y los mismos bollos van ya a 3,5 euros.
La inflación de la harina y la mantequilla o, seguramente, la certeza de que van a vender lo mismo a 2,5 que a 3,5 euros. Estamos en un aeropuerto y todo vale. Ninguna sorpresa e incluso lógico dentro de aquello de la oferta y demanda de estos lugares en los que el atraco está asegurado y lo raro es poder comer algo en condiciones.
Para eso uno puede estar más o menos preparado. Lo que no esperaba era ver los sagrados bollos de mantequilla convertidos en bocadillos salados. De jamón y queso, de txaka (bien jugado)… Brioche relleno lo llaman, tal vez para evitar que los de la cofradía del bollo de Bilbao nos pongamos pesados con el asunto. O más posiblemente porque son exactamente eso: brioches que cambian su relleno de crema de mantequilla por ingredientes salados.

Estaba claro que iba a pasar. De hecho, es posible que ya haya otros lugares de Bilbao que no tengo en el radar y hagan lo mismo. Algunos, de hecho, ya estaban jugando a ponerle cobertura de chocolate, los colores del Athletic…
Pero aquí el tema es que hablamos de la pastelería que hace uno de los mejores bollos de mantequilla y que en su local original incluso los rellenan al momento con la crema de mantequilla, lo que hace que estén especialmente ricos.
Así que ante esta herejía lo primero que hice al verlos fue avisar a Jon Cake, embajador del bollo de mantequilla en Barcelona y que sé que andaba con ganas de probar cosas raras con este mítico pastel. Ya lo sabía, claro.
Ahora, eso sí, me he quedado sin argumentos para seguir diciéndole que el bollo de mantequilla no se toca. Si lo hacen en Bilbao, como no permitirlo en un barrio de las afueras como Barcelona.














