Fraude global con el pescado: casi un 40% de los productos están mal etiquetados

Se vende como pargo en pescaderías, supermercados y restaurantes pero, en un 36% de los casos, en realidad no es pargo, sino alguna especie de pescado similar y más económico. Es solo un ejemplo de lo que ocurre en todo el mundo con el pescado, según denuncia The Guardian tras un exhaustivo análisis de más de 40 estudios realizados en diferentes países y más de 9.000 especies.

Las conclusiones dejan poco margen a las dudas de que estamos ante «un fraude a escala global», tal y como lo califica el propio rotativo británico. Varían los lugares, tipos de pescado o cadenas de distribución, pero la historia es similar en todos los casos: variedades más económicas que se hacen pasar por otras más caras.

A simple vista y a los ojos de la inmensa mayoría de los consumidores -mucho más si el producto ya está cocinado- cuela, pero los análisis de ADN revelan estas escandalosas cifras de engaño.

A veces, el pescado simplemente ni está -en Singapur se han detectado preparados de gamba hechos en realidad con cerdo- o se vende algo diferente a lo que se publicita.

Sin ir más lejos, hace unos meses en España, la Universidad de Oviedo descubrió que la inmensa mayoría de las supuestas zamburiñas en el mercado en realidad no lo eran. Tampoco es nada nuevo: ya en 2011 se alertaba sobre la merluza: casi un 10% del pescado que se vendía con esta denominación no era merluza.

Otro clásico -explican en The Guardian– es hacer pasar el panga o especies similares que llegan del Sudeste asiático como bacalao o productos mucho más caros.

Aunque Reino Unido, Canadá y Estados Unidos tienen el dudoso honor de encabezar este ranking de fraude con el pescado, España tampoco falta a su cita con el engaño a los clientes. Según este mismo análisis, los restaurantes del país también son muy dados a prometer un pescado o marisco en la carta, pero ofrecer algo diferente en el plato.

Uno de cada tres restaurantes -concluía un estudio a nivel europeo realizado en 180 negocios de 23 países- estaba sirviendo pescado que no era lo que se ofrecía en la carta ni, por supuesto, lo que se cobraba. España, seguida de Islandia y Finlandia, era la que presentaba más problemas en este sentido, y pescados como el mero o el atún con los que más engaños se producen.

Incluso concediendo que parte de ese etiquetado erróneo puede ser no intencionado, el 36% global es una cifra suficientemente escandalosa como para hablar de un gravísimo problema. Un fraude que tiene muchas ramificaciones, más allá del engaño al consumidor, incluyendo la pesca ilegal, captura de especies protegidas y por encima de las cuotas marcadas para cada país, y un fraude fiscal de miles de millones de euros.

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