
Dicen los expertos en café que eso de preparar un expreso para luego enfriarlo con hielos no tiene mucho sentido. Pese a ello, lo cierto es que el café con hielo sigue siendo un clásico del verano. De hecho, como pasa con el vino regulero, bien frío y con hielo se hace más pasable casi cualquier café. Lo de cobrar los hielos por separado, ya es otro debate.
Pero volviendo a lo del café frío, en casa le tenemos bastante bien cogido el punto al iced latte, como dicen en las cafeterías de especialidad, donde, por cierto, esta preparación se suele ir fácilmente por encima de los 3 euros.
Un expreso, bien de hielo -de los gordos- para enfriarlo rápido y un poco de leche fría o espumada en frío con el típico truco de la cafetera francesa. Si no lo conoces, ya va siendo hora. La clave, en todo caso, está en la calidad de los granos de café y en sacar un buen expreso. A partir de ahí es fácil.
De todos modos, desde hace años que el cold brew, el café infusionado en frío, va ganando puntos como alternativa al café con hielo. No tiene mucho misterio prepararlo y tenerlo listo en la nevera para tomarlo tal cual o servirlo con hielos o como base de alguna de estos cafés fríos.

Pero este verano hemos querido probar una alternativa más cómoda y perfecta para llevar a cualquier lugar y asegurarse de que siempre tendrás a mano un buen café. Es verdad que el café en lata o esos que se venden en los supermercados en frío con su vaso suelen ser un batido dulzón con un ligero sabor a café. Pero no hablamos de esos, sino de café cold brew en lata que comercializan algunas marcas de café que hacen las cosas muy bien.
El invento no es nuevo y, repasando la hemeroteca, ya en 2015 probábamos el de Fred que cuando lo de cold brew sonaba a marcianada ya lo vendían embotellado. Y bien rico. Ahora la oferta ha crecido y, por ejemplo, una de las grandes marcas en el mercado, Illy, vende su propio café frío en lata.
Elaborado con arábica, el clásico perfil italiano con un tostado potente, aquí es algo más sutil por el tipo de preparación en frío y, en todo caso, no va nada mal si la idea es usarlo para preparar, en un vaso con hielo, un café con leche frío. De todos modos, también venden latte y capuccino ya listos en lata y que, aunque llevan algo de azúcar, no tienen nada que ver con los habituales del supermercado. Cuesta 2,80 la lata.

Ya en el terreno de café de especialidad, dos marcas que también apuestan por este formato de cold brew en lata con estupendos resultados. Nomad Coffe, veteranos del mercado y referencia induscutible si hablamos de buen café y de formatos diferentes -el año pasado lanzaron café de especialidad instantáneo- utilizan su café Gahahe de Burundi para elaborar este café frío, perfecto para llevar a cualquier lado.
El pack de seis latas sale por 21 euros y lo mismo cuesta la versión latte que han lanzado como edición limitada este verano con Putos Modernos. No, no es barato, pero es que el buen café nunca lo es.
Café de Finca, otro de los nombres clásicos, también tiene su propio cold brew en lata y, además, fruto de una curiosa colaboración con la marca de coches Cupra. En este caso se usa un blend con café de Colombia y Brasil, con un perfil intenso, de acidez suave y donde hay notas de cacao.
Aunque a priori los cafés africanos, más afrutados, funcionan muy bien en frío, la verdad es que aquí el resultado es estupendo. Está algo escondido en su tienda y sale por 3,5 euros la lata de 250 ml.














