Macrogranjas y deforestación en Brasil: el coste oculto de esa bandeja de carne barata del supermercado

Aunque pasadas las elecciones en Castilla y León parece que el tema se ha esfumado, hace pocas semanas las macrogranjas y el modelo de producción de la ganadería intensiva ocupaba titulares y no faltaban defensores de este sistema. Parece que ya no interesa que se hable más del asunto.

Es la única forma de tener carne barata, apuntaban algunos. Un argumento ampliamente rebatido desde muchos ángulos. Desde la necesidad de reducir el consumo de carne por salud hasta el daño que hace a la imagen del país convertirse en la pocilga de Europa, como ya lo califican desde otros países.

Tras esa imagen de carne de calidad muy justa a precios de derribo, se esconden unos costes sociales y medioambientales asociados y que aparentemente no repercuten directamente en el consumidor, pero que acabamos pagando todos. En el sentido más amplio del término, además.

Y es que un reciente trabajo de investigación presentado por la asociación Carro de Combate vincula con pruebas, cifras y datos que dejan poco margen a las dudas, el modelo de macrogranjas españolas con la deforestación en Brasil.

¿Dónde esta la relación? En las toneladas de soja que los grandes productores de piensos de España -proveedores de las principales marcas del sector de la carne- importan cada año desde aquel país.

En 2020 llegaron casi 2 millones de toneladas de soja desde Brasil, cuyo cultivo intensivo está directamente relacionado con la deforestación del Amazonas. La soja es uno de los ingredientes clave (representa un 25%) del pienso usado sobre todo por la industria porcina, detalla este estudio que también denuncia los millones de ayudas europeas que reciben muchas de las empresas del sector.

Es decir, se deforestan grandes extensiones amazónicas en Brasil para cultivar una soja que viaja hasta España para alimentar a los cerdos de las macrogranjas, cuya carne, en un gran porcentaje, se exporta a otros países. Parece evidente que algo no tiene mucho sentido en este modelo. O, mejor dicho, que solo lo tiene para unos pocos.

Así que esa bandeja de lomo de cerdo de oferta del supermercado, en realidad es mucho más cara de lo que quieren hacernos creer. Y lo peor es que la factura igual la acaban pagando nuestros hijos.

2 COMENTARIOS

  1. Y quien tiene la culpa? Por qué los políticos no prohíben las importaciones, le ponen un arancel o exigen unas garantías de producción sostenible? A los agricultores europeos les prohíben los pesticidas y les ponen multas por pasarse de la cuota de producción (debe ser el único oficio donde te sancionan por hacer mejor tu trabajo) y les exigen cada vez más cosas que les están llevando a la quiebra y dejando el campo abandonado. La UE tan tikismikis con otras cosas como los transgénicos luego deja que entre toda esta mie.da que arruina la producción local.

    Es más fácil echarle la culpa al consumidor y asi nos peleamos entre nosotros en lugar de buscar a los verdaderos responsables. No comas carne, dicen, sobre todo la carne barata que es la que comen los pobres. Si eres pobre tienes dos opciones o dejas de comer carne o dejas de ser pobre.

    Y para más INRI las macrogranjas han quedado asociadas a Castilla y León cuando esta comunidad sería el modelo a seguir. El oeste de la meseta son dehesas donde el ganado pasta líbremente sin contaminar nada y gastando solo el agua que allí llueve. Las macrogranjas entán en Catalunya y en Murcia.

  2. Y eso sin hablar de las terribles condiciones en que viven los animales en las macrogranjas

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