El precio de la pasta, otro (pequeño) efecto colateral de la guerra de Ucrania

Se suele decir que la verdad es siempre la primera víctima en una guerra. Una de esas frases que, además de un poco sobadas, posiblemente ha quedado un poco obsoleta: ya no necesitamos una guerra para que las noticias falsas circulen alegremente. De hecho, la primera víctima de las guerras siempre es la población que las sufre, no ese titular que caducará dentro de un minuto ante la próxima imagen impactante de última hora.

En este contexto, hablar de cocina o de la cesta de la compra siempre suena frívolo, cierto. Pero en una economía global en la que lo que comemos viene de diversas partes del mundo, la guerra en Ucrania tendrá un impacto directo en diversos alimentos y productos habituales en nuestra cocina.

A estas alturas, seguro que todos hemos leído que Ucrania y Rusia son consideradas el granero de Europa, así que la invasión rusa puede complicar los suministros de cereales y encarecer aún más unos precios que llevan tiempo al alza por dos motivos: los problemas de logística derivados de la pandemia y el cambio climático y sus consecuencias sobre las cosechas.

Los precios podrían subir hasta un 30%, apuntan los analistas en referencia a algunos de estos productos. ¿También aquí? Aunque muchos siguen creyendo que España es un gran productor de cereales, en realidad, un porcentaje considerable del trigo, el maíz o el aceite de girasol que consumimos vienen de Ucrania.

Pero es que yo compro solo aceite de oliva y no suelo comer trigo a cucharadas, estará pensando alguno. Evidentemente, el mercado no funciona así. No hablamos muchas veces de productos de consumo final, sino de ingredientes que usa la industria en la elaboración de bienes y cuyo incremento de precios, por tanto, repercutirá también en el ticket de la compra.

El trigo es, sin duda, el caso más evidente. Se trata de uno de esos productos elementales, no ya en el lo más evidente (pan, harinas…) sino en otros derivados. La pasta es un buen ejemplo, por su elevado consumo global y, además, por la escalada de precios que lleva ya tiempo experimentando a causa, precisamente, de los problemas con el trigo.

Italia importa de Ucrania y Rusia más del 60% del trigo duro necesario para la elaboración de pasta, con lo que desde hace semanas la inestabilidad política ha marcado un repunte de los precios de este producto. Que, además, ya llevan tiempo al alza por las malas cosechas y el aumento de costes de producción (combustibles, transporte…).

Si ya a principios de año uno de los principales productores de pasta de Italia (Divella) advertía de un aumento de precios de casi el 40%, ahora el conflicto en Ucrania complica todavía más el escenario. Es lo que muchos economistas ya han denominado «la tormenta perfecta» y que, más allá de la frivolidad que suponga hablar del precio de los espaguetis en medio de una guerra, parece que va a tener un efecto directo en el ticket de la compra.

1 COMENTARIO

  1. Van a costar el doble productos tan básicos como la pasta que era el plan más barato de subsistir… Vamos a tener que hacer algo para contrarestar estas subidas. Aparte de la comida, la luz se va a multiplicar. La mejor decision es tener electrodomésticos que gasten poca energía para cocinar rápido. Esperemos que pase pronto esta locura y volvamos a la normalidad.

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