¿Se come mejor en Madrid que en Londres, como defienden Dabiz Muñoz y Almeida?

Decía José Luis Martínez-Almeida hace unos días en una entrevista publicada por Elle que Madrid ya ha adelantado a Londres en lo que respecta a la oferta gastronómica. En realidad no lo decía él, sino que citaba nada menos que a Dabiz Muñoz como fuente de esa idea. Y él mismo lo corroboraba en Twitter en pleno debate sobre el asunto.

Si decir que en Madrid se come mejor que en la capital inglesa es de cuñados, yo soy un cuñado, venía a decir el popular cocinero. Las redes no dan para muchos matices y sutilezas, pero en realidad lo que decía el alcalde y supuestamente el chef no se refería a la oferta gastronómica así en general, sino a la “multiculturalidad gastronómica”.

Lo cierto es que más allá de la clásica bronca tuitera, el tema es de lo más interesante. Por aquí llevamos años defendiendo que en Londres se puede comer estupendamente y que ese mito de que es un páramo gastronómico está muy superado. 

Tampoco en cuestión de precios la diferencia entre las dos ciudades es tanta como se podría imaginar, incluso sin incluir en la ecuación el tema de los salarios de ambos países. ¿Me estás diciendo que sentarse en un restaurante de Madrid es tan caro como en uno de Londres? Sí y no. 

Puedes pagar más en la capital española que en la inglesa si te lo propones, claro, pero es cierto que si hablamos de restaurantes, ticket medio, incluimos vino u otro alcohol en la cuenta y nos centramos en el centro de Londres, Madrid es más económico. Lógicamente.

¿Bocata de calamares en la Plaza Mayor o un bocadillo en alguno de los mercados de Londres? Sin duda, mejor precio allí y seguramente mejor calidad. Más aún si nos alejamos del centro de Londres y comemos o compramos en barrios desde donde no se ve el Big Ben ni los grupos de turistas que sólo quieren la foto en Picadilly.

Por supuesto, tampoco es lo mismo la perspectiva de quien vive en un lugar que la del visitante. Así que este debate, en todo caso, será interesante entre residentes en Madrid y Londres, no entre quienes pasaban por allí o lo visitan puntualmente.

Yo he comido estupendamente y regular en ambas ciudades, pero eso no es señal absolutamente de nada, porque no he hecho la compra semanal en ninguna de ellas, o no tengo tal o cual bar o pub de referencia para saber cómo está el tema. 

Aclarados todos los matices, es lo de la multiculturalidad gastronómica lo que más nos hace dudar de que la afirmación de Muñoz y Almeida se sostenga. Porque no hablan de empate o de interés de ambas urbes, sino que van con todo y defienden la victoria madrileña. Insistimos, no en entrar en un lugar cualquiera y tomarse una caña y picar algo, sino en oferta gastronómica de todo el mundo.

Y aquí los de la Commonwealth tienen muchas décadas de ventaja colonial. Recurriendo al desgastado tópico y seguramente un poco ofensivo, siempre se ha dicho que la mejor cocina de Londres es india.

¿Hay en Madrid buenos currys y restaurantes indios? Sin duda. ¿Su oferta puede competir con la de Londres y su comunidad de origen indio, asentada desde hace décadas? ¿Y la cocina turca? Y, ojo con esto, ¿qué pasa con la cocina portuguesa, más escasa en España que en Londres, donde incluso hay una cadena de comida rápida especializada? Que tampoco digo que eso sea una buena noticia, pero sí una pista.

Asiáticos, de nuevo, geniales en ambos. Pero oiga, que estos señores hasta antes de ayer consideraban Hong Kong -un auténtico paraíso gastronómico- casi una provincia más del imperio británico. La cosa cambia si hablamos de cocina de Sudamérica, donde la oferta madrileña seguramente gana por goleada a la londinense en este juego que, por si no había quedado claro, tiene mucho más que ver con lazos históricos y políticos que con otra cosa.

¿Querían Muñoz y Almeida vengarse por las afrentas inglesas a la gastronomía española en forma de tortillas, paellas y demás platos versionados en modo terrorista? Si es así, nos apuntamos al juego. De todos modos, cuidado con eso porque estamos convencidos de que en Londres, con chorizo y todo, se pueden comer paellas más dignas de las que en Madrid se sirven a turistas despistados.

En todo caso, tal vez lo que debería preocupar al alcalde no es esta divertida batalla gastronómica, sino que en su lucha por convertir Madrid en la capital del lujo se olvide de los vecinos que, sorpresa, todavía viven por allí. 

Y que, efectivamente, Madrid se parece cada vez más a Londres en precios, coste de la vida, o estandarización de un centro y de una oferta gastronómica que sólo las grandes cadenas -iguales en todo el mundo- pueden asumir. Y de que, como en Londres, la gente cada vez cocine menos en casa. Aunque algo nos dice que eso a Almeida tampoco le parece mal.

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