El éxito del mejor xuixo del mundo: de vender 20 a 800 al día

En el mundillo gastronómico se estila mucho la bipolaridad. Nos reímos de los «días de» que pueblan el calendario, pero todos acabamos publicando algo relacionado por si hay suerte y suena el click.

Los chistes sobre los cada vez más abundantes concursos que buscan el mejor lo que sea del mundo están también a la orden del día, pero a ver quién no habla de la mejor tortilla morcilla, callos, o torreznos del mundo.

No son el mejor del mundo, son simplemente el que el jurado elige entre los candidatos Una obviedad que tendemos a pasar por alto para que luzca más el titular de turno. El caso es que todo este escepticismo reinante respecto al tema se me derrumbó el otro día en dos tiempos.

Desde la pastelería Triomf de Barcelona me enviaron sus xuixos, recientemente elegidos como los mejores del mundo. Es un dulce que nunca me ha apasionado especialmente, y que, perdón por la herejía, siempre me ha parecido un donut relleno con ínfulas.

Que los dos xuixos llegaran empaquetados como mandan los cánones de las buenas pastelerías del mundo ya fue una buena señal. A veces la fórmula falla, pero como hijo de pastelera que ha crecido viendo envolver y anudar con cuerda paquetes de pasteles, tiendo a pensar que si se cuida este punto, es que el contenido es bueno.

Y lo era. No es que no me gustaran los susos, es que sólo me gustan los buenos. Un gran descubrimiento al primer bocado, con un punto casi hojaldrado del exterior, y un relleno de crema de excelente calidad.

¿Pero no son empalagosos? Esa fue parte de la sorpresa, porque a diferencia de las versiones de repostería de calidad justa, en este caso puedo confirmar que comerse uno de estos sin pestañear es compatible con seguir trabajando tan ricamente tras el café.

Totalmente desarmado ante los mejores xuixos que he probado nunca -y que un jurado espero en el tema confirma que son los mejores del mundo-, además resulta que estos concursos que a veces miramos con cierto escepticismo funcionan. Y mucho.

«Hemos pasado de vender 20 a 800 cada día», explican Gisela Bellart, pastelera y tercera generación de este negocio del barrio de Poblenou de Barcelona. Los xuixos siguen siendo los mismos de siempre, aunque reconocen que han afinado algo la receta y cantidad de relleno para presentarse a esta cuarta edición del certamen.

Larga vida a los xuixos buenos, a las pastelerías artesanas que hacen las cosas bien y, también, a los concursos que ayudan a que nos fijemos en ellas.