
Comer mal en Japón es complicado. Si uno se esfuerza, claro, seguro que puede conseguirlo pero cualquiera que haya estado por allí sabe que las posibilidades de triunfar entrando al primer lugar que te encuentres en la calle son altas. Se unen dos factores que juegan a favor del visitante: no existen las trampas para turistas como se estila en muchos otros sitios y la especialización en elaborar pocos platos pero buenos -si un local prepara ramen o tempura, eso es lo que tiene en la carta- hace que el nivel sea, en general, alto.
Hablamos, claro, de gastronomía local porque a la hora de interpretar platos de fuera los japoneses también tiene sus cosas. Lo pude comprobar recientemente en la penúltima visita de trabajo por allí cuando alguien tuvo la genial idea de hacer un guiño al público internacional con una cena temática en la que combinan platos de la cocina italiana, española, alemana…
Todo eran risas a costa de los italianos al ver la pizza hasta que llego la paella. Para hacerse un nivel de la tragedia, digamos que las he visto mejores en las Ramblas de Barcelona. Pese a ello, hay que reconocer que aquel arroz con cosas que habría llevado de cabeza al frenopático a cualquier valenciano triunfó y no quedó nada.

Y es que en Japón la cultura y gastronomía española gusta mucho. También el idioma, un detalle a tener en cuenta por si estamos haciendo bromas en español dando por hecho que nadie alrededor lo va a entender. Un pasión que ha llevado a Nissin a presentar su nueva paella instantánea, con el clásico formato de Cup Noodles pero de «paella de marisco».
Desgraciadamente la novedad me pilló ya aterrizado de vuelta de Japón y no pude incluir este invento entre los souvenirs del viaje. Algo que habría hecho encantado porque la verdad es que tengo mucha curiosidad por conocer el nivel del crimen. O igual salta la sorpresa porque, ojo, estamos hablando de la empresa que inventó en 1958 los fideos instantáneos y que tiene en Yokohama un museo dedicado a este producto, considerado en Japón como una de las mayores logros del siglo pasado.
No perderemos la fe hasta poder probarlo porque, en general, la calidad de la comida preparada o platos instantáneos que se pueden en centrar en cualquier supermercado o tienda de conveniencia del país están a años luz de lo que se estila por aquí. ¿O es simplemente que su nivel de sushi y ramen, incluso el más industrial, nos parece bueno porque no tenemos referencias, igual que les pasa a ellos con la tortilla de patata, el jamón o la paella?
El tema da para reflexionar pero, en cualquier caso, antes de ofenderse más allá de la cuenta, mejor pasearse por el lineal de cualquier supermercado español, ver todos esos fideos instantáneos y bandejas de sushi que parecen cartón con pescado seco y asumir que lo de la paella es una venganza merecida.









