El puente de diciembre marca en muchas casas el comienzo de la Navidad. Sí, eso que en los escaparates empieza un mes antes y en las estanterías de los supermercados casi cuando acaba el verano y los primeros turrones se asoman a las estanterías.

Pero más allá del cansino tema de si cada año comienza o no antes la Navidad, el caso es que estos días festivos y sin cole pueden servir para, además de poner el árbol y demás, cocinar juntos en casa. ¿Las típicas galletas con formas navideñas? Por ejemplo. Son muy fáciles, perfectas para que los más pequeños ayuden con la masas y los cortagalletas y, en definitiva, para pasar una mañana o tarde entretenidos. En el fondo, de eso se trata muchas veces.

De las decenas de recetas y variaciones posibles, nos hemos quedado con la más sencilla y que normalmente hacemos en casa y quedan bastante bien.

Ingredientes

(Para unas 15 galletas)

  • 450 gramos de harina de trigo
  • 100 gramos  de azúcar
  • 200 gramos de mantequilla
  • 1 huevo
  • 100 gramos de miel
  • Una cucharada (15 gramos) de canela
  • Una cucharadita (5 gramos) de jengibre molido

Preparación

La gracia de estas galletas es que no tienen ningún misterio. En realidad son las típicas galletas de mantequilla, solo que aquí le damos el punto de canela y jengibre por aquello del ambiente navideño.

Empezamos batiendo el azúcar y la mantequilla, que deberá estar templada, con textura tipo pomada. Sacarla una hora antes de la nevera será suficiente. También la podemos calentar un poco, pero ojo porque no queremos que esté líquida. Si no tenemos varillas eléctricas, los niños nos pueden ayudar a mano.

Vamos añadiendo el huevo, la miel y la harina. Tamizada siempre queda un poco más fina, y es otra de esas operaciones en la que los pequeños pueden ayudar. Si no tenemos tamizador, un colador puede servir. Al final incorporamos la canela y el jengibre molido.

El objetivo es conseguir una masa bastante compacta, que dividiremos en dos bolas del mismo tamaño y dejaremos reposar unos 20 minutos tapado. Aprovechamos para limpiar la cocina y la harina que, seguramente, ya esté repartida por media casa.

Llega la parte divertida. Aplastamos con la ayuda de un rodillo o, si no tenemos, una botella vacía. Poner papel film encima y debajo de la masa es un buen truco para que no se pegue sin tener que añadir más harina al rodillo o la mesa. También funciona, pero puede acabar dando mucho sabor a harina a las galletas, y no queremos eso.

Toca volver a esperar un poco, Aquí es cuando les explicas a los niños que en la cocina la paciencia es fundamental y la hora que la masa tiene que reposar en la nevera se les hará eterna.

Pasado ese tiempo, con un cortapastas con la forma que queramos -muñequitos en este caso- vamos cortando las galletas. Si no tenemos, un cuchillo y un poco de maña también puede servir. Mientras tanto, el horno ya debería estar calentándose a 180 grados.

Como nos irán sobrando descartes de masa, juntamos todos de nuevo, los volvemos a estirar y seguramente de ahí saldrá alguna galleta más. 15 minutos en el horno serán suficientes para que nuestras galletas estén listas.

Cuando se hayan enfriado, llega la segunda parte más divertida: decorarlas. Podemos usar fondant -fácil, pero no deja de ser azúcar con colorantes- o improvisar una glasa casera. Es muy fácil: 250 gramos de azúcar glas por cada 40 gramos de clara de huevo y unas gotitas de limón.

Batimos como para hacer un merengue normal, incorporando el azúcar en tres o cuatro veces y el limón, hasta conseguir una crema bien integrada y densa que nos permita decorar con una manga pastelera o, si no tenemos, una bolsa de plástico a la que le cortaremos una pequeña punta.

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