Diez años ha tardado Moritz en habilitar su sede histórica como gran espacio gastronómico en el centro de Barcelona. De la mano de Jean Nouvel este enorme edificio ha sido reconvertido en multitud de espacios, algunos polivalentes pero todos centrados en la cerveza y en la comida en general.
De momento el mayor espacio operativo lo ocupa la cervecería dónde podemos disfrutar de la cocina supervisada por Jordi Vilà – responsable del estrella Michelin Alkímia -. El mismo que en poco tiempo abrirá un restaurante en el sótano del edificio.
La cervecería es un espacio amplio, diáfano, con una cocina con paredes de cristal que ocupa una posición central. Las mesas adecuadas para grupos de amigos con ganas de juerga. Ayuda que los camareros – por cierto maltratados por unos uniformes de diseño arriesgado – se paseen entre los comensales con jarras de cerveza fabricada en los sótanos del local dispuestos a rellenar vasos cual diner americano.
Pero cómo no sólo de cerveza vive el hombre, la cocina ofrece una extensísima carta de tapas y platillos organizada en apartados. Una carta que tiene en su punto fuerte que puede contentar todo el mundo por la absoluta variedad que ofrece. Aunque también pueda marear un poco y dificulte la elección de platos.