Volar a Japón con ‘Etihad’, ¿es buena idea? Esta fue mi experiencia a bordo

Tras haber viajado unas cuantas veces a Japón durante los últimos años con diferentes compañías y por distintas rutas, me ha parecido interesante compartir la experiencia en una de las que, por lo visto, ahora es muy popular para volar desde España.

Se trata del servicio que ofrece Etihad desde Madrid y Barcelona con escala en Abu Dhabi. Una ruta que, no hace falta ser experto en geografía, traza un recorrido poco recto para llegar a Japón, lo que se traduce en muchas más horas que los viajes operados por compañías europeas.

Una ruta larga, pero económica

En este caso concreto, de Barcelona a Abu Dhabi son entre 6 y 7 horas. Dejando a un lado el tiempo de la escala -en una terminal que tampoco es para tirar cohetes, por cierto-, a eso hay que sumarle el trayecto largo: entre 10 y 11 horas para llegar a Tokio.

Comparando con el anterior viaje con Swiss y escala en Zurich, la llegada habitual a Tokio suele ser a las 8 de la mañana del día siguiente a la salida desde Barcelona. En el caso de Etihad, aterrizamos a las 13 horas locales. Todo, eso sí, con una puntualidad exquisita.

Para muchos, este dato será suficiente para descartar la opción. Sumar cinco horas a un viaje que de por sí es muy largo puede ser un auténtico horror. No obstante, la frecuencia y los precios de esta ruta hacen que para otros merezca la pena.

Volar en Etihad

Era la primera vez que volaba con Etihad y eso siempre despierta cierta curiosidad. La referencia de otras compañías de Oriente Medio (Qatar o Emirates) permitía hacerse una idea: una maravilla en Business, muy normal en turista. Como resumen, puede funcionar perfectamente.

Espacio un poco justo para vuelos de 7 y 11 horas

Que los reviews de vuelos en Business que tanto se estilan en YouTube están muy bien, pero la mayoría de mortales viajan en turista y apurando el presupuesto. Yo he tenido la suerte de volar a Japón alguna vez en Business (con Finnair) y es, sencillamente, otro mundo. También el precio, claro.

Pero volviendo al mundo real, Etihad opera con Boeing 787 en configuración de 3-3-3 los dos vuelos de esta ruta. No hay una clase Turista Plus o similar, aunque sí unas cuantas filas de asientos de turista con algo más de espacio.

Por lo visto, es habitual que los vuelos vayan muy llenos, así que no es fácil tampoco conseguir uno de esos asientos. Tampoco soñar con ir solo en una de estas filas de tres asientos para poder improvisar una cama.

Entre las opciones de upgrade sí se habla de pagar para que el asiento de al lado esté vacío, pero evidentemente es una opción que la aerolínea solo aplica cuando el vuelo no va lleno. Vaya, que por 60 euros no te van a dar a ti un asiento libre al lado en vez de venderlo.

La comida normal, el entretenimiento genial

¿Qué le pedimos a un vuelo intercontinental? Espacio, comida decente y que nos entretengan durante las horas que dure. En el caso de Etihad, el espacio de los asientos estándar es algo justo. Nada para asustarse, pero sí nos ha dado la sensación de ir algo más apretados que en otras compañías. Por ejemplo, desplegar un portátil no es muy fácil a poco que el vecino de detente recline un poco el asiento. La diminuta bandeja tampoco ayuda.

Los auxiliares de vuelo son amables y atentos en todo momento, pero hay cierta sensación de que falta personal cuando el avión va casi lleno. Es algo que ocurre cada vez en más compañías, cierto.

Terrible foto para una comida regulera tras muchas horas de vuelo, poco antes de llegar a Tokio

La comida es correcta. No está mala, pero la variedad (en los diferentes servicios ofrecidos a bordo de los dos vuelos, el arroz con pollo y la pasta como opción vegetariana se llegaron a repetir), no parece haber una línea temporal clara en cuanto a cenas, desayunos y comidas, lo que unido al cambio horario y el cansancio no ayuda mucho.

Hay bebidas gratis, alcohol incluido, aunque con un surtido un poco pobre. El vino que se ofrece es, por decirlo suavemente, muy justo y, excepto en el caso de las cervezas en lata, no se ofrece el recipiente completo, sino que simplemente se entrega el vaso.

Un detalle que sí suele agradecerse es que se ofrecen a lo largo del vuelo varias botellas de agua individuales a cada viajero. Cómodo, pero un desastre en términos de envases y residuos.

La pizza muy justa, pero se agradece la merienda a medio vuelo

Lo más destacable es la oferta de entretenimiento a través de la pantalla táctil individual, acompañada de otro mando auxiliar -con pantalla propia y que sirve como control- como mando para algunos juegos. La oferta de películas actuales está muy bien, y tampoco faltan algunos clásicos que ayudan a pasar las horas.

Hay conexión USB para carga y también un enchufe internacional. El audio lleva la típica conexión de tres clavijas para los auriculares que se ofrecen a bordo, pero funciona sin problemas con un minijack estándar.

No estaba mal, pese a la pinta terrible

Otro punto a su favor: ofrecen conexión Wi-Fi con datos ilimitados por 10 dólares durante todo el vuelo. Un precio ajustadísimo para lo que suele verse por ahí. Incluso por 3 dólares se ofrece una conexión muy limitada que solo sirve, básicamente, para WhatsApp, pero que por ese precio es única en un vuelo de estas características.

¿Merece la pena?

Teniendo en cuenta que ni por espacio ni por comodidad destaca especialmente, sumar unas 5 horas o más a un viaje a Japón no parece buena idea. Si viajamos en alguna categoría superior, las cosas cambian, pero en turista y así, cuanto antes lleguemos, mejor.

Por nuestra experiencia, es mejor un vuelo principal algo más largo desde alguna capital europea, porque eso hará que el primer trayecto sea relativamente corto. En el caso de Finnair es algo más, pero el truco está en que esa ruta polar es la más corta para llegar a Europa, aunque la guerra en Rusia ahora mismo haya obligado a variar muchas y alargar algo los tiempos.

Así que el único argumento para elegir Etihad es, seguramente, el más importante para la mayoría: el precio.