Un McDonald’s dentro del hospital en Estados Unidos. ¿Te imaginas algo así en España?

El menú que se sirve en algunos hospitales del país -niños incluidos- o la lamentable oferta de las máquinas de vending de las salas de espera son temas recurrentes cuando se habla de todo el trabajo que falta por hacer en el país.

¿Cómo es posible que se ofrezcan galletas y zumo de bote a los pequeños ingresados? ¿O que las chocolatinas reinen a sus anchas en las máquinas, sin una triste manzana que llevarse a la boca?

Temas serios pero que, como siempre, en perspectiva, parecen un chiste cuando uno descubre lo que pasa al otro lado del Atlántico. Y es que según contaba en su twitter Ángel Jiménez -compañero periodista afincado en Atlanta- el otro día se topó con un McDonald’s dentro del hospital.

No al lado o cerca, porque por lo visto en el hospital de La Paz en Madrid -me chiva- sí que hay uno sospechosamente cerca. En este caso dentro de las propias instalaciones del hospital. Justo pasada la zona de cardiología, comentaba, lo que como chiste estaría bien si no fuera porque es real.

Por si fuera poco -señala en su hilo de Twitter- la zona de cafetería recuerda más a cualquier centro comercial que a la imagen habitual de un hospital europeo. Una oferta que incluye decenas de restaurantes de comida rápida e incluso un restaurante invitado que va cambiando cada semana.

Si semejante oferta se queda corta porque, claro, uno va al hospital a comer y probar nuevos restaurantes, no hace falta ni decir que puedes pedir lo que quieras para que Uber Eats te acerque al hospital ese poke bowl o esas alitas de pollo picantes que necesitas urgentemente.

Por suerte, en España andamos todavía muy lejos de este modelo de sanidad convertida en negocio hasta el punto de poder pedirte una doble de queso mientras esperas la consulta o que tu seguro decida si la póliza cubre esa enfermedad o estás a medio paso de arruinarte o morirte.

Pero hay que reconocer que la imagen impresiona y asusta a partes iguales. Pasado el momento de orgullo por saber que esto no pasa aquí y que sencillamente viven en otro mundo que da muy poca envidia, llegan los sudores fríos.

No hace falta decir nombres: todos estamos pensando en lo mismo al ver esto y sabemos perfectamente dónde podría implantarse y quien estaría encantado de hacerlo.