Tú pagas más por melones y sandías, pero los productores cobran menos: así nos toma el pelo la gran distribución

Aunque los precios se han moderado en las últimas semanas, no es ningún secreto que la sandía y el melón están más caros que otros años. Efectivamente, como casi todo, solo que estas dos frutas veraniegas suelen ser de las más asequibles, apetitosas y refrescantes de la temporada.

Es verdad que puede haber cierta lógica en la subida de precios, teniendo en cuenta que los combustibles y abonos han disparado su precio, con lo que los costes de producción han crecido. Pero, por supuesto, la lógica del mercado no funciona así.

Me lo recodaba hace unos días un productor de sandías de Almería con el que compartía mesa y que me confirmaba que esa subida de precios no tiene nada que ver con un aumento en lo que se paga a los productores por esas sandías y melones convertidos este año en productos de lujo. Aunque no cueste 13 euros.

Es verdad -me comentaba- que al principio de temporada los precios estaban algo más altos, como siempre. Hay menos producción y las primeras sandías y melones se cotizan más hasta que entra mucho más producto al mercado.

El problema es que esa moderación no ha repercutido en la frutería o, mejor dicho, en las grandes cadenas de supermercados, señaladas por muchos productores como las principales responsables de este alza de precios.

Es decir, pese a la caída de precios en origen, la gran distribución mantiene los precios altos. Eso hace que caiga la demanda y les permite seguir comprando a precios bajos porque el producto no tiene mucha salida. Y en plena temporada de recolección, sobran sandías y melones en el campo.

Además, esos precios altos mantenidos en las tiendas dejan la puerta abierta a importar sandías de otros países con la excusa de ofrecer precios más baratos. El broche perfecto para una historia en la que ganan los de siempre, y productores y clientes somos una vez más los eslabones más tontos de la cadena.

8 COMENTARIOS

  1. Yo vivo en Cartagena y compré el otro dia brocoli del campo de Cartagena a granel en un pequeño supermercado buscando km0 y proximidad. Me dice la tendera que ella lo compró a una distribuidora de Navarra que a su vez lo compro en una de Perpigñan. Esto es una vergüenza

  2. Hace años trabaje en una distribuidora de frutas que realizaban lo siguiente.

    Comparábamos la fruta al agricultor se trasvasaba en cajas y palés con nombre del nuevo distribuidor.

    Éste sin modificar nada lo vendía a otro distribuidor que seleccionaba, empaquetaba y etiquetaba.

    Después lo entregaba a un distribuidor logístico y se enviaba al centro de recepción de mercancías del supermercado. Y de ahí, a varios distribuidores logísticos para el reparto en los supermercados.

    Como veis una salvajada de comisiones y de perdidas para el productor. Empresas que generan beneficios sin realizar absolutamente nada.

  3. Lo suyo sería dejar de comprar en supermercados e ir más a mercados, al menos el dinero se quedaría en el barrio.

  4. Eso no es de ahora no solo con melones y sandías, lleva produciéndose mucho tiempo, pero nunca le habéis dais importancia.

  5. Más vale que hicieran boicot a las grandes superficies y no ponernos el pie en el cuello a todos los que vivimos de vender fruta, bien sea en establecimiento como fuera de él, el cual es mi caso puesto que soy vendedor ambulante. Desde que empecé con la campaña de la sandía este año, que hace ya más de 2 meses, en ningún momento ha estado por encima de 1’25€ el kilo sea cual fuere el origen. Nos están metiendo a todos en el mismo saco sin razón alguna, y a eso no hay derecho.

  6. Ya lo dijo La Bullonera…

    P’a desbrozar los caminos
    que van del campo al mercado
    hay que arrancar lo primero
    todos los intermediarios.‎

    Son una plaga peor
    que el gorgojo y la patera:
    no hay remedio ni doctor
    que pueda echarlos afuera.‎

    Menos mal que todo tiene
    su principio y su final,
    menos los intermediarios
    porque están en la mitad.‎

  7. Avaricia, dictadura del trabajo… La sociedad mercantilista que dice no tener esclavos.

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