Tras el papel higiénico y el alcohol, ahora llega la locura por la harina y la levadura

Desde hace días era un chiste recurrente: con tanto pan casero y bizcocho diario, en breve la harina se convertirá en un artículo de lujo. Pues resulta que no era broma. Ayer, a última hora, en el supermercado, en la estantería correspondiente, solo quedaba algún resto de harina de esos paquetes medio rotos que, como todo el mundo sabe, están siempre estratégicamente colocados para que sea el que te lleves a casa y te la líe al colocar la compra.

Y, por lo que me cuentan, no es un caso aislado. Tras volvernos locos acumulando papel higiénico como para disfrazarnos de momias durante los carnavales de las dos próximas décadas y, después, acabar con las existencias alcohólicas del supermercado, ahora la harina se ha convertido en el nuevo producto a comprar por toneladas.

La normal, la de fuerza e incluso la de centeno integral han desaparecido como consecuencia de esa fiebre panarra que, por lo visto, ha recorrido el país de norte a sur. Sí, algo de culpa tienen también los pasteles y magdalenas que hacemos cual obrador industrial pero, al parecer, la histeria es sobre todo con el pan, porque la levadura -fresca y seca- también ha volado de los supermercados, mientras que la Royal para repostería aguanta algo mejor.

Cabe suponer que, tras acabar con los almacenes de las harinas más habituales de los supermercados, los próximos días veremos peregrinaciones a tiendas a granel donde también se venden harinas a peso y, por cierto, donde también suelen tener harina seca de panadero. Eso sí, ojo con recorrerse media ciudad para ello porque no está demasiado claro que figure entre las opciones que justifican un desplazamiento.

Y mientras tanto, los que llevan mucho tiempo haciendo pan en casa, miran extrañados esta peculiar moda que amenaza con dejarles sin sus provisiones de harina habitual o teniendo que recurrir a pedidos online para mantener bien surtida la despensa de panaderos caseros.

Como consecuencia de este repentino entusiasmo por el pan casero, seguramente muchos descubrirán que lo de hacer uno mismo el pan es más una cuestión de placer -ese gustazo de abrir el primer pan que has hecho- que de rentabilidad, porque requiere su tiempo. Aunque tampoco es que eso valga mucho ahora mismo, claro.

Y sí, esto durará unos días y luego nos dará por, a saber, el hummus casero, y dejaremos el super sin botes de garbanzos. O puede que aguante hasta el fin del confinamiento. En cualquier caso, la buena noticia es que igual, entre una cosa y la otra, más de uno descubre que mucho de ese pan que nos venden bien calentito con sus semillas y tal en realidad deja mucho que desear.

Eso sí. Recuerda que si has comprado 8 kilos de harina de fuerza para hacer pan en casa ya no vale lo de salir cada día de paseo a la panadería.

5 COMENTARIOS

  1. Yo llevo un par de días en busca de harina también y en los dos zueprmecados que me quedan a mano no tienen de ningún tipo… Al que este comprando paquetes de harina a lo loco y lo pille le corto las manos, me está dejando sin poder hacerme unos calamares a la romana 🙁

  2. Cierto,
    Como teorizó Maslow, estamos cumpliendo con cada uno de los escalones de su pirámide de necesidades a cubrir:
    1) Fisiológicas (papel WC, conservas).
    2) Seguridad (gel hidroalcoholico, guantes).
    3) Sociales (videollamadas, alcohol).
    Ahora estamos de lleno en el 4º, el del reconocimiento, aprendiendo nuevas aptitudes, teletrabajando…
    En breve llegaremos al último escalón, el de la autorrealización, y empezará un nuevo paradigma mundial!

  3. Hombre, pues te dire que por no salir a comprar pan al chino cuando me apetece yo tambien he hechado un vistazo a ver cuanta harina tengo por si tengo que hornear algo

  4. Estaría bien resaltar que también ha desaparecido la harina sin gluten (la pasta, galletas, cereales, etc), que no es un capricho, es una necesidad para muchas personas en este país, que no pueden usar harina de fuerza o de centeno.

    Personas que, en muchos casos, estamos acostumbradas a hacernos nuestro propio pan porque comprarlo ya hecho no es apto para todos los bolsillos.

    Así que me gustaría hacer un llamamiento a toda esa gente que sale a aplaudir a los balcones y que derrocha solidaridad por las redes sociales para que se compren el pan hecho, que es bien barato y nos dejen la levadura para los que en realidad sí la necesitamos (lo de comprar harina, pasta o galletas sin gluten sin ser celíaco ya… No debería hacer falta explicarlo).

    Porque igual limpiarte el culo con papel de periódico raspa (y dudo que llegue el momento), pero no poder comer gluten sí que es jodido siempre y más ahora que parece que se ha puesto de moda.

  5. Ahora tenemos auténticos gourmet en casa, y como hay tiempo la cocina casera es la que entretiene y alimenta a los más exigentes

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