Slow&Low, cocina sin complejos a la espera de una Estrella

Llevan peleando desde 2018. Y eso ahora mismo es mucho decir. No sólo porque han sobrevivido a una pandemia, sino porque que desde su barra gastronómica- unas de las más bonitas que recordamos en Barcelona- siguen empeñados en defender una cocina que ya no parece estar tan de moda, pero que bien ejecutada puede ser toda una experiencia.

Ahora que sólo se habla de cocina sencilla, de mercado, con producto desnudo y casi en singular, en Slow&Low viajan desde el barrio de Sant Antoni (Comte Borrell, 119) por medio mundo en busca de sabores e ingredientes que integran en recetas de notable complejidad. Pero más allá de la técnica, el proceso o el viaje, lo que realmente importa es que el resultado está francamente bueno.

Francesc Beltri y Nicolás de la Vega -barcelonés con muchos kilómetros a sus espaldas y mexicano, respectivamente- trabajan sólo con menú degustación. Uno largo de 14 pases (85 euros) y otro más corto que se ofrece sólo al mediodía, con 5 platos, postre y bebida por 45 euros. Una auténtica ganga, la verdad.

Asia, México…

No vamos a enumerar los platos que conforman el menú. Porque nunca lo hacemos pero, sobre todo, porque asegura Frank -así llama todo el mundo a Beltri- que en estos cuatro años han creado unos 200, renovando casi uno por semana en su menú degustación. Platos, insiste, realmente nuevos, no versionados de lo que han visto o comido por ahí.

Pero sí hay que mencionar, por ejemplo, ese taco asiático con bonito que resume bien dos de las influencias de esta cocina que mira a México y a Asia. También el delicioso curry verde que preparan con más de 50 ingredientes, el atrevido plato con mollejas y arenque, o la ensalada que preparan con excelente tomate de Barbastro, helado de queso herreño y sablée bretona de queso Comte.

Otro plato notable que le da un toque mexicano al popular mar y montaña que tanto de estila por aquí: el calamar relleno de papada con salsa recado negro.

Recomendable sentarse en la citada barra con vistas a una cocina totalmente abierta, y dejarse llevar por las recomendaciones en el maridaje, sin florituras pero interesante.

Se nos olvidó preguntar por el origen del nombre, pero casi mejor porque así podemos dar por hecho que es casi una declaración de intenciones: un proyecto que quiere ir despacio, pero con un camino bastante claro. Y que sabe que es mejor empezar desde abajo para apuntar bien alto. La paciencia suele ser una virtud escasa entre los cocineros y, si es el caso, está claro que la estrategia funciona.

Porque en cuatro años han conseguido perfilar una cocina clara, coherente, honesta y atrevida que nada tiene que envidiar a muchos Estrella Michelin que hemos visitado.