Salchichas de bolsa: el dato en el que hay que fijarse para elegir las menos malas

Pocos productos despiertan más sospechas sobre sus ingredientes que las salchichas cocidas. Sí, las clásicas Frankfurt de bolsa que, con un exterior y textura más o menos plasticosa, suelen tener precios de saldo y, confesémoslo, entre pan y pan, y con la salsa de turno, gustan a casi todo el mundo.

Por supuesto, nadie las va a considerar una delicatessen ni a incluirlas en al menú como una opción sana. Son lo que son, lo asumimos y jugamos a ese juego. De hecho, casi nos parece más honrado eso que vender productos ultraprocesados y cargados de azúcar abanderando un Nutriscore decente, como si fueran algo bueno.

Pero una cosa es asumir que estas salchichas nunca serán saludables y otra renunciar a optar por la mejor opción del supermercado. O la menos mala, se entiende. Hablamos a fin de cuentas de carne procesada, gran cantidad de sal y, como dirían los nutricionistas, unas proteínas con muy poco interés.

Recientemente, la siempre interesante revista Eroski Consumer le dedicaba un monográfico al asunto, donde desvelaba unas cuantas cosas muy interesantes. Dejando a un lado la insistente recomendación de moderar su consumo y considerarlas como algo prescindible, la clave de unas salchichas de bolsa más decentes es aparentemente sencilla: cuanta más cantidad de carne tengan, mejor.

No vamos a alimentar teorías conspiranoicas sobre el contenido de las salchichas. El etiquetado es bastante pobre en detalles sobre la procedencia de los ingredientes. Tal y como explican, si en la denominación comercial no se indica expresamente el tipo de carne (cerdo, pavo…), no hay obligación de detallar el porcentaje de la misma. Algo que, lógicamente, complica mucho intentar hacer un ranking de salchichas. Y, de paso, anima a desconfiar de los que veamos por ahí.

En cualquier caso, un detalle muy importante al que no se suele prestar atención es si utilizan carne o lo que se conoce como carne separada mecánicamente. Lo primero son cortes de carne de diferentes piezas y animales, lo segundo, el resultado de someter a un proceso mecánico de limpieza la carne que queda pegada a los huesos.

El resultado, claro, es una mezcla de menor calidad y aspecto poco apetecible que se usa principalmente en este tipo de alimentos procesados. Por supuesto, también es notablemente más barata que la carne real -insistimos, esto es un subproducto de carne que no se puede llamar así-, así que es el ingrediente habitual de las salchichas mas económicas.

Es verdad que hay otros criterios a tener en cuenta pero, en general -apuntan desde Eroski Consumer-, casi todas las marcas suspenden en cantidad de sal añadida (excesiva siempre) o el porcentaje de grasa usado que, de nuevo, es mayor de lo deseable.

Y, claro, la pregunta del millón llegados a este punto es obvia: ¿qué marcas de salchichas son las que más carne real usan en su formulación? Según este informe, las de la marca Schara destacan sobre el resto al usar en sus frankfurts solo carne de cerdo y en un porcentaje (87%) mucho más alto que cualquiera de la competencia, sin recurrir a carne separada mecánicamente. También es verdad que son, con diferencia, las más caras, con un precio medio de 1,02 euros por 100 gramos respecto a los menos de 30 céntimos que cuestan otras.

Buena nota también para las Campofrío Pavo, con un 52% de carne de pavo y las Seleqtia (marca premium de Eroski), que combinan un 42% de carne de pavo con un 28% de pollo.

2 COMENTARIOS

  1. Curioso el hecho de que la marca blanca que salga mejor parada sea la que coincide con el nombre de la revista que publica el monográfico, ¿no os parece?

  2. «… productos ultraprocesados y cargados de azúcar abanderando un Nutriscore decente, como si fueran algo bueno …»

    Si no has leído el comentario que puse en el artículo que enlazas a Nutri-Score, creo que sería recomendable que lo hicieses Iker, al menos para no seguir creyendo lo que no es sobre ese indicador.

    Quienes escriben artículos ya sea en blogs o en noticieros deberían informarse y digerir esa información antes de sintetizarla para poder dar opiniones útiles y no contribuir a la desinformación.

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