Quién ha ganado –de verdad– MasterChef 10

Pese a que, para muchos, ayer fue la noche de 50 Best, para s otros el foco estaba en la tele, concretamente en la final de MasterChef. Y es que ayer acababa la que había de ser la gran edición aniversario del talent. Y, sin embargo, posiblemente ha sido la edición con menos emoción de la historia.

Y cuando hablamos de emoción nos referimos a competición. De la otra ha habido, o la han buscado, a raudales. Probablemente casi nadie recuerde ya que por aquí pasó un chico llamado Berto, otra concursante llamada Paula, o que hubo un cubano medio vasco que jugaba a waterpolo. Pero si preguntamos por el padre de Adrián, seguro que todo el mundo sabe que el pobre hombre falleció, que bebía y no sé cuántas cosas más.

Y es que aquello que podría haber quedado en una anécdota de los primeros programas, como para sumar un poco de morbo e interés por los concursantes, ha sido básicamente la tónica de toda la edición. No ha habido programa en que no se haya hablado de la dura vida de Adrián, de la relación con su padre y de todas las desgracias por las que pasaron. Hasta que ha pasado por la cárcel y que lleva 2 años con una pulsera telemática en el tobillo hemos sabido.

Al menos, el programa le ha servido para mejorar en la cocina, eso es cierto. Esperamos que la terapia ante unos cuantos millones de espectadores, también le haya servido para algo más que ser carne de share.

El demonio de David

Pero no contentos con todas las miserias de Adrián, en David también han tenido un buen candidato para los momentos Diario de Patricia. También les ha costado bien poco hurgar un poquito cada programa en su vida. Eso sí, para después resarcirse y decir lo bien que le va a sentar el programa: “la cocina ha reconducido la vida de mucha gente”, le decían el otro día.

Especialmente sangrante fue la actitud de Pepe durante la semifinal. Visto que David tiene “un demonio dentro”, como él mismo dice, que en un programa anterior ya salió y casi le obliga a dejar la cocina porque estaba a punto de estallar de la peor manera posible, Pepe aprovechó la extrema tensión por la que pasaba el concursante (su equipo era básicamente él porque Patricia ni estaba ni se le esperaba) para pincharle hasta la saciedad a ver si conseguía que volviera a salir el famoso “demonio”. Y vaya si lo consiguió.

Según Pepe, lo hizo todo porque no se puede decir solo lo bueno. Pero no nos engañemos: que lo más bonito que le digas a una persona que está tremendamente estresada es que es un inútil que no sabe ni multiplicar, pues hombre, no creemos que sea una buena manera de construir en positivo. En fin…

La verdad es que Pepe, por el que siempre hemos sentido una especial debilidad, en esta edición nos ha decepcionado bastante. Suponemos que serán “cosas del guion”, que no va a ser siempre Jordi el malo. Y así, de paso, para no aburrir al espectador, vamos actualizando los personajes como si de una serie se tratara.

Otros intentos de “hacer sangre”

Por si no tenían bastante con Adrián y David, también le han buscado las cosquillas a Jokin en más de una ocasión. Por aquí, más allá de conseguir alguna lagrimilla, no han podido hacer mucha sangre. Sabían que la situación de la empresa familiar no está muy allá, pero Jokin no se ha abierto en canal como lo ha hecho Adrián.

¡Hasta con Claudia lo han intentado! Y eso que, si ha habido una persona happy en el programa, ha sido ella. Pues hasta con ella se puso un día -como no- Pepe a pico y pala para ver si la hacía llorar un poquito, hasta que explicó que su madre había tenido un accidente muy grave en moto y que estuvo a punto de morir.

No le sacó mucho más, pero eso sí, consiguió que, cual cascada amarillista, quien más quien menos contara algún dramilla: que si a Jokin le perdió la noche y el juego, que si Luismi había sido “un muerto en vida” durante 8 meses cuando le dejó su novia… Objetivo conseguido, vaya.

Y de cocinar, ¿qué?

Pues menos mal que hemos tenido un regalo llamado María Lo. Solo por ella ya ha merecido la pena esta edición. En todos estos años del programa, no recordamos haber visto a nadie como ella, con esa soltura en la cocina, con esas ganas de trabajar, de aprender, de mejorar, con una actitud brillante con sus compañeros siempre, fuerte, motivada, respetuosa. De 10.

Verla cocinar ha sido, sin duda alguna, lo mejor de esta décima edición. Estamos seguros de que tendrá un futuro brillante. De hecho, el propio Jordi Cruz ya se ha encargado de ofrecerle un puesto en sus cocinas.

María ha sido, sin duda, el faro de toda esta edición. Suerte hemos tenido de tenerla porque, sin ella, habría sido, culinariamente, otra edición para olvidar.