‘Miscake’, la tarta de chocolate para superar errores y dramas

Lo de que el chocolate es un remedio para casi todos los males no es nada nuevo. Así que, posiblemente, tras el 2020 que hemos pasado y cómo se perfila este 2021, cualquier excusa es buena para hincarle el diente a una buena tarta de chocolate. Algo así es lo que proponen el pastelero Christian Escribà y el creativo Pep Torres con su último invento: The miscake.

Un ingenioso nombre (mistake-error + cake-tarta) para una tarta con mucho chocolate y una buena ración de marketing. ¿Pero qué tiene de especial? Pues una simpática historia con su ritual y todo para olvidarse de líos -representados por una maraña de chocolate dorado que la cubre- y descubrir que debajo está lo bueno: un pastel de bizcocho de chocolate, con mouse de chocolate e interior de fruta de la pasión.

Nosotros cambiaríamos encantados ese dichoso maracuyá por más chocolate, pero no vamos a hacer un drama con eso, que se supone que este pastel se ha inventado precisamente para evitarlos.

La tarta viene acompaña de tres pequeños pinchos con los que se anima a hacer una especie de conjuro. Sí, como el de la queimada pero sin brujas, y apelando aquí a superar esos posibles errores. Pese al aparente tono MrWonderful del asunto, podemos certificar que nada de eso. La tarta es cero empalagosa, a diferencia de los mensajitos esos de autoayuda de tazas, libretas, camisetas y lo que surja.

¿Y cómo puedo conseguir una de estas tartas mágicas? Solo se puede comprar online (25 euros la grande y 9 euros la mini, la de dos raciones) y pasar a recogerla. La idea es que solo una pastelería de cada ciudad la venda y, por ahora, además de Escribà en Barcelona, también se puede encontrar en Rocambolesc de Jordi Roca en Girona, Pastelerías Mallorca en Madrid, y Adriana Cabot en Arteixo (A Coruña).

Se espera que pronto llegue también a otras ciudades del país y que se expanda por todo el mundo, empezando por México y Sudáfrica. Claro que, si no lo consigue o tarda más de lo esperado, se les perdona el fallo, que de eso se trata.

Más allá de la simpática idea del proyecto -que incluso propone a los compradores que compartan su peor drama- la verdad es que se agradece. No solo el punto de humor para vender chocolate, sino también la defensa del derecho al error y al fracaso en un momento en que parece que solo se puede hablar de triunfadores.

Y es que, tener un mal día o fracasar estrepitosamente, siempre es un poco mejor con chocolate a mano.

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