Malvasía volcánica, kilómetro cero y ‘Teleclubs’. Qué y dónde comer este verano en Lanzarote

El paraíso a pocas horas de avión. Un clásico utilizado demasiadas veces para hablar de Canarias pero al que es imposible no recurrir cuando uno visita Lanzarote. Los paisajes, esa marcada personalidad volcánica que lo empaña todo, su gastronomía y productos -muchas veces desconocidos- y los vinos componen una de las rutas más interesantes para cualquier época del año. También este verano.

Huyendo de las zonas en las que el turismo amenaza con tapar el encanto real de la isla, alojarse en algún pequeño pueblo de la zona central de la isla o en el sur -desde donde es muy sencillo saltar a Fuerteventura, por cierto- es una gran idea.

Y si hablamos de hoteles en Lanzarote, Princesa Yaiza, en el extremo sur (Playa Blanca), es referencia obligada. Las amplias y cuidadas habitaciones, la oferta de actividades para el turismo familiar, las impresionantes piscinas y zonas deportivas y un trato exquisito hacen que este resort sea, desde hace tiempo, un referente en la isla.

Isla de Lobos

Para descansar, como lugar desde el que moverse -todo está relativamente cerca en Lanzarote- y también como uno de los epicentros gastronómicos de la isla. Y es que el restaurante Isla de Lobos del hotel tiene merecida fama de ser el mejor de Lanzarote.

Las espectaculares vistas desde su terraza a la isla que le da nombre son la mejor bienvenida, aunque sin duda aquí el protagonista es el producto local. ¿Otro tópico gastado? En absoluto, porque el chef Víctor Bosseckery y su jede de cocina, Gonzalo Calzadilla, trabajan mano a mano con la Finca de Uga para poner en práctica una cocina de kilómetro cero que convence.

Los vegetales encurtidos, el pescado en salmuera, el cherne -un pescado local-, las sorprendentes lentejas marineras o una soberbia selección de quesos son sólo algunos ejemplos del menú degustación que se ofrece.

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Dos recomendaciones: dejarse guiar en el maridaje de vinos canarios que recorren todas las islas y permiten descubrir auténticas joyas y, si la agenda lo permite, escaparse a conocer la citada Finca de Uga para conocer esa filosofía de kilómetros cero que manda en la cocina.

Malvasía volcánica, la uva reina

Entre los paisajes de la isla, sin duda las vides plantadas sobre picón -piedra volcánica- y protegidas del viento por muros de piedra o incluso en pequeños pozos, son una de las postales más típicas.

La bodega La Geria -situada en la zona con el mismo nombre- es una de las más visitadas de la isla y el lugar perfecto para conocer este sistema de plantación y las peculiaridades de la malvasía, la uva reina -aunque no la única- y que ha puesto los vinos dulces de Lanzarote en el mapa.

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La tienda y barra para catar referencias de esta bodega son un buen lugar para hacerse una idea de la variedad de referencias que van más allá de esos dulces más conocidos. Los blancos -ojo a Manto, un blanco seco a base de malvasía volcánica- son realmente interesantes, y seguro que el visitante tiene tentaciones de traerse de vuelta unas cuantas botellas ante la dificultad de encontrar en la península muchos de ellos.

Son vinos con un precio medio alto y, de hecho, es normal encontrarse en tiendas y restaurantes vinos de la península mucho más baratos. La limitada producción de uva por hectárea que marca este tipo de cultivo unido a la vendimia manual son factores determinantes para una DO que apenas llega a los 2 millones de botellas anuales.

Lilium, Arrecife

Aunque la capital de la isla tiene fama de no ser ni muy bonita ni interesante, un paseo a última hora de la tarde por la animada zona de El Charco es un gran plan.

Sobre todo si antes hemos comido en otro de los imprescindibles de Lanzarote: Lilium. Lo decimos nosotros y Michelin que, aunque es un poco rácano y no ha dejado por ahora estrellas en la isla, sí ha distinguido este pequeño restaurante situado en la marina de Arrecife con la distinción Bib Gourmand. Traducción: rico y bien de precio.

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Y tienen toda la razón, porque el menú degustación que por 35 euros ofrece Orlando Ortega es de lo más interesante que hemos probado en Lanzarote. Los enyesques (aperitivos) permiten probar una auténtica papa arrugada -no todo lo que se ofrece lo es- o un nigiri de gofio, otro de los productos fetiches canarios, y salmón.

Entre los platos principales, el canelón de cabra es una acercamiento muy fino e interesante a una de las carnes más populares por aquí, el tomate canario, el tacó de atún…

Ojo también al aceite de oliva de Fuerteventura que ofrecen y a los vinos de Lanzarote, a precios muy bien ajustados para lo que se estila.

Teleclubs, la opción más socorrida

Mientras seguimos recorriendo la isla desde el Timanfaya a los hervideros o las espectaculares playas de Famara, a pie de mar o desde el Mirador del Río -una de las carreteras más fotogénicas que hemos recorrido jamás- siempre surge la pregunta a la hora de comer: ¿Dónde paramos?

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En Lanzarote la respuesta es relativamente sencilla: en los Teleclubs. La mayoría de los pueblos de tamaño medio tienen uno. A medio camino entre club social y restaurante, son una manera bastante económica -no tanto como deberían para ser concesiones municipales, aseguran algunos cocineros que hablan de competencia desleal- de conocer la gastronomía más popular.

Caldo millo, morena frita, cherne encebollado, garbanzos -otro clásico-, vieja a la plancha, churros de pescado… Platos sencillos y caseros bien resueltos en Teleclubs como el de Tao o El Porvenir, en los que los locales despachan cervezas en la barra, otros comen el menú diario y algún viajero bien informado para.

¿Nos dejamos algo? Muchas cosas. Eso es lo bueno, que siempre hay que tener alguna excusa para volver.

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