Tomates a menos de 20 céntimos el kilo. Los agricultores andaluces denuncian la caída brutal de precios en origen

Foto: COAG

La escandalosa diferencia del precio de las anchoas desde la lonja hasta las pescaderías de la que hablábamos el otro día no es una excepción, claro. La historia se repite con muchos otros productos frescos cuyo precio en origen ha caído en picado pese a que la oferta en ocasiones crece y, en todo caso, el precio de venta al público sigue siendo el mismo o mayor.

Así lo denuncian desde COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), que aporta dos datos para explicar claramente la situación que están viviendo muchos productores estas semanas y que no se limita al mundo de la pesca.

«Según datos oficiales, el consumo de hortalizas durante la pandemia se ha incrementado un 44%, mientras que los precios en origen descienden hasta un 77%», apuntan. Es decir, las teorías de mercado a las que recurren algunos para buscar cierta lógica a esas anchoas que cuestan 12 veces más desde que se descargan del barco hasta que llegan al consumidor se desmonta en este caso con el aumento de la demanda.

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Y es que, según las supuestas leyes del mercado, si la producción se mantiene y la demanda crece, el precio debería subir. Parece que no ocurre así en el campo andaluz atendiendo a lo que cuentan los productores y esos precios en caída libre para los agricultores.

 

«Los especuladores, intermediarios de la cadena alimentaria, están haciendo su agosto a pesar del coronavirus a costa del esfuerzo de los agricultores, que están al pie del cañón en estado de alarma produciendo alimentos frescos de calidad por los que les pagan una miseria», denuncian en un comunicado.

Y es que la diferencia de precios en origen y en tienda tiene unos responsables claros, según esta asociación: los intermediarios que especulan con el precio de estos productos. «Cuando sus necesidades de producto se ven satisfechas, tiran los precios al suelo al agricultor y mantienen precios altos al consumidor», señalan.

Es decir, esos pimientos, tomates o berenjenas que estamos pagando, en el mejor de los casos, al precio de siempre, al productor le pagan una cuarta parte de lo habitual. Las cifras son realmente escandalosas, con berenjenas a 27 céntimos el kilo en subasta o tomate rama por debajo de los 20 céntimos el kilo.

«Es insostenible mantener la producción vendiendo a pérdidas», advierten los productores, que piden a las autoridades que intervengan para regular los precios y acabar con las prácticas especulativas.

Y mientras tanto, ¿qué pueden hacer los consumidores? Saltarse la cadena de distribución habitual no es sencillo, pero es verdad que esta situación ha aumentado el interés por la compra directa de fruta y verduras a productores.

Algo que no solo permite acceder a un producto normalmente de mejor calidad  (menos tiempo desde la recogida, menos tiempo o ninguno en cámara…) y acorde a la temporada, sino también que el dinero llegue directamente a quienes están produciendo.

Nada nuevo, insistimos. Los precios a la baja que desde hace años se pagan a los productores de cítricos y que en ocasiones ha llevado a regalar las naranjas y mandarinas para no tener que malvenderlas o tirarlas, son solo un ejemplo más de un problema que lejos de ser anecdótico o puntual afecta a la estructura misma del sistema de producción y consumo.