La escasez en los supermercados dispara el desperdicio de alimentos

Por muy raro que pueda parecer, existe una relación directa entre las estanterías vacías de un supermercado y la cantidad de comida que acaba en la basura de casa. Así que estas semanas en las que el paro de un sector del transporte y la guerra en Ucrania ha hecho que en los supermercados falten algunos productos, es casi seguro que el desperdicio de alimentos se habrá disparado en muchos hogares.

La secuencia es tan conocida como, en realidad, absurda. Falta algo en la estantería, bombardeo de titulares alarmistas, se desata la histeria con el carrito de la compra y se compra mucho más de lo que se necesita. No solo de lo que falta, sino en general, no vaya a ser que la cosa empeore.

Si en esta innecesaria acumulación de alimentos entran productos frescos, ya hemos llegado al centro del problema: algunos acabarán en la basura porque nos despistaremos con la fecha de caducidad o, sencillamente, no sabremos qué hacer con todo eso que hemos comprado. Que, además, igual se aleja de nuestra lista de la compra habitual. Somos así de idiotas a veces.

Pero, en realidad, no es nada nuevo. Ni una de esas reflexiones sacadas de la nada, sino que la historia demuestra que ocurre así cada vez que faltan productos en el mercado. Un estudio de los años 70 basado en lo que se conoce como arqueología de la basura (Garbage Project, de William Rathje) comprobó que, efectivamente, en época de escasez se tiraba más comida que nunca.

Escasez, insistimos, con todas las comillas necesarias porque no parece que ahora mismo esa palabra defina la realidad del mercado.

Pero real o no, el caso es que la sensación de que falta un producto hace que se acabe tirando -ojo- hasta tres veces más cantidad de ese alimento que en una situación normal. Así ocurrió, por ejemplo, a mediados de la década de los 70 en Estados Unidos cuando se hablaba de problemas en el mercado de la carne de vacuno.

Una razón más para reivindicar sentido común a la hora de hacer la compra: no ya para no acumular y gastar a lo tonto, sino para no acabar tirando comida. Responsabilidad que, por cierto, también tenemos que autoexigirnos los medios de comunicación para no alimentar absurdas histerias a cambio de cuatro clicks.