Jamón cortado y envasado: el truco para que quede perfecto al servirlo

Aunque en estas fechas lo que se estila son guías sobre cómo elegir un buen jamón o hablar de las etiquetas de colores que identifican diferentes categorías de jamón ibérico, no nos engañemos: en la mayoría de las casas se estilan más los sobre de jamón ya cortado en lugar una pata o paletilla entera.

Por tamaño, comodidad y precio es un formato que cada vez triunfa más. De hecho, las grandes marcas de ibéricos también lo ofrecen y, en algunos casos, con propuestas tan interesantes como Heritage de Arturo Sánchez, que ofrece al corte jamón de tres añadas (2015, 2016 y 2017) para realizar en casa una interesante y rica cata vertical.

De hecho, una de las claves del jamón cortado y envasado está en el tamaño y el precio. Total, que con un presupuesto ajustado nos va a permitir probar un jamón que, entero, seguramente se escapa a la mayoría. ¿Prefieres un poco de jamón bueno o mucho regular que a saber si te lo acabas o cómo lo cortas en casa? No hace falta responder.

Jamón cortado, instrucciones de uso

Volviendo a los sobres, también tienen sus propias instrucciones de uso. Sí, como el panettone, que parece muy evidente hasta que descubres que es mejor calentarlo un poco.

Algo parecido pasa con los sobres de jamón: la temperatura es la clave. Lo suyo sería abrirlo con unas horas de antelación para conseguir que la grasa se temple. Lo ideal es que esté entre 20 y 23 grados, aunque lógicamente no vamos a sacar el termómetro y el resultado dependerá mucho de dónde estemos.

¿La solución? Agua caliente. Metemos el sobre cerrado bajo el chorro de agua caliente durante medio minuto, hasta que veamos que la grasa adquiere ese brillo que tanto nos gusta. Secamos el sobre, lo abrimos, servimos y listo.

Cómo conservar el jamón envasado

Otro consejo importante para los sobres de jamón: se guardan en nevera. Es verdad que no necesitan una temperatura muy baja y que nunca meteríamos un jamón entero en frío -salvo los que, ejem, los congelan- pero el caso es que a la grasa la combinación de tiempo y calor les sienta fatal y puede provocar sabores rancios.

Así que, sobre todo si lo vamos a guardar bastante tiempo, para evitar que pierda calidad mejor a la nevera. Y cuando toque abrirlo, el truco del agua caliente.