El lujo es un concepto un tanto abstracto cuando se habla de hoteles. Para algunos, puede ser cuestión de espacio, vistas, exclusividad o una atención cuidada al milímetro, pero la luz natural de la habitación, poder dar un paseo por la playa cada mañana o un desayuno en el que el café sea excelente son también una forma de lujo.

De hecho, cada vez son más estos pequeños detalles los que marcan diferencias entre los hoteles muy buenos y esos extraordinarios a los que te gustaría volver. El Villa Le Blanc Gran Meliá pertenece a esta categoría.

Situado en la playa de Santo Tomás, abrió sus puertas el año pasado y hace poco acaba de estrenar su segunda temporada, convertido en uno de los lugares más deseados de la isla para este verano.

Cuenta con un total de 159 habitaciones, incluyendo 45 suites y villas que elevan unos cuantos peldaños más esa idea de lujo. Las terrazas -algunas con bañera exterior o acceso directo a una de las piscinas-, la situación privilegiada frente a una tranquila playa donde incluso en pleno verano no hay demasiada gente, o la bonita decoración con tonos blancos y madera son parte del encanto del lugar.

Pero, después de tantos años, no es ningún secreto que lo que de verdad nos mueve en esta casa es comer. En ese sentido, Menorca es una gran destino, y este hotel una nueva opción a tener en cuenta si hablamos de comer bien y descubrir la gastronomía menorquina.

¿Platos tradicionales y buena cocina local en un hotel de lujo? Es verdad que no suele ser habitual, pero cada vez más hoteles cuidan este punto, asumiendo que los huéspedes quieren saber dónde están a la hora de comer en vez de optar por una fría propuesta internacional que te haga olvidar si estás desayunando en Menorca o en Dubai.

S’Amarador

Para ello, en Villa Le Blanc han ido sobre seguro, contando con dos nombres muy conocidos en la isla: el restaurante S’Amarador y Joan Canals, del bar Ulisses, que ha ideado el concepto de CRU Raw Bar & Cocktails para este hotel.

S’Amarador seguramente no necesita presentación. Es uno de los clásicos de Menorca cuando se habla de arroces, pescados y mariscos. Cuentan con barcas propias, lo que en la isla es una garantía de trabajar con los mejores pescados que la temporada ofrece.

S’Amarador en Villa Le Blanc es una suerte de sucursal del restaurante original y donde, a los imprescindibles de la casa -empezando por la caldereta de langosta, claro- se le unen unas vistas y espacio increíbles, y una atención de lujo. «Gastronomía menorquina en un entorno excepcional», prometen los responsables del proyecto. Y tras haberlo podido probar, firmamos esa declaración de intenciones.

Más desenfadada es la propuesta de CRU Raw Bar & Cocktails. Para entenderla mejor, merece la pena escaparse al bar Ulisses que el mismo Joan Canals regenta en Ciutadella. Un local pequeño y encantador donde la cocina de mercado y una espectacular bodega vertebran la carta.

Joan Canals
Bar Ulisses en Ciutadella

Pescados, ostras, quesos y cócteles podrían ser perfectamente las cuatro patas de este espacio en el que, por ejemplo, el taco de atún rojo o el salmonete soasado son bocados muy recomendables.

Brasa y desayuno

El papel de restaurante polivalente y con horario amplio que todo hotel necesita, aquí lo cumple Nivi. Tal vez porque suele ser del que menos se espera -y al que menos se exige-, la verdad es que nos llevamos una grata sorpresa.

Buen trabajo con las brasas del Josper, estupendo producto, arroces bien resueltos, o unas cocas estupendas que conectan perfectamente con el lugar son algunos de los argumentos de este espacio.

También aquí se sirve el desayuno, que es de lo más curioso, al menos en la presentación del concepto: breakfast by Eva Hausmann, es decir diseñado por esta conocida estilista gastronómica.

Confesamos que, de entrada, asusta un poco eso de que un desayuno necesite estilista, pero la buena noticia es que más allá de quedar todo muy bonito para Instagram, hay una buena representación de producto local y la oferta es amplia y de calidad.