Glup, aventuras en el canal alimentario

Glup-MaryRoachPor Iker Morán

El título deja poco margen a las dudas: esto no es un libro de cocina al uso. De hecho, muchos ni siquiera entenderán por qué está aquí o en la sección de gastronomía de muchas librerías. Al menos hasta que empiecen a leerlo. Entonces, como nosotros, descubrirán que entre ciencia, algo de escatología -el tema hace que sea inevitable- y mucho humor «Glup, aventuras en el canal alimentario» es posiblemente el libro más divertido e interesante que sobre el mundo de la comida han leído últimamente.

Y es que estamos hablando de comida. Concretamente de todo eso que pasa una vez que le hincamos el diente a algo e inicia su apasionante aventura por el canal alimentario. Un tema lleno de tabúes -sobre todo en las partes finales del proceso, claro- y del que hemos de reconocer que sabíamos entre poco y nada.

Mary Roach, experta en esto de acercar la ciencia a todos los públicos, será la encargada de guiarnos en este paseo con paradas en el curioso mundo de los olores, o de las modas pasadas y presentes relacionadas con eso del tránsito intestinal. Y de solventar algunas preguntas que nunca te habías hecho pero cuya respuesta ahora necesitarás conocer.

¿Por qué el estómago no se digiere a sí mismo? ¿Se puede comer hasta explotar a lo Monty Phyton en The meaning of live? Nada mejor que preguntar a los expertos -hay expertos en cosas muy peculiares ahí fuera- y que Roach se ocupe de hacer digeribles, nunca mejor dicho, las explicaciones.

Con una edición sencilla y una traducción estupenda que logra mantener el humor de la autora -sólo así es posible estar leyendo sobre glándulas o gas metano y acabar riéndose- «Glup, aventuras en el canal alimentario» pertenece a la colección Drakontos de Editorial Crítica y puede encontrarse por unos 20 euros en versión de papel o 13 para quienes opten por la versión electrónica.

Hablando de curiosidades alimentarias, ¿alguien sabía que Elvis murió en el baño? Ahí tienen un motivo más para ir corriendo a por este libro. Sólo por eso y por la lista de anécdotas para compartir en la próxima comida familiar merece la pena.