Colmados de Barcelona, pasado, presente y futuro de las tiendas que iniciaron una revolución gastronómica

Son parte del paisaje gastronómico y de la historia de Barcelona. Un modelo de comercio que se resiste a desaparecer y que ha sido una pieza clave en la vida y gastronomía de la ciudad durante las últimas décadas. Ahora, el libro Colmados de Barcelona (Sd·Edicions) les rinde un merecido homenaje y analiza su papel en los últimos siglos.

“Esto no es una elegía al colmado en vías de extinción, sino la reivindicación de un modelo de comercio que sigue vivo, aunque solo nos acordemos de él cuando alguno baja la persiana”, defiende Inés Butrón, la autora.

La historia de los colmados se remonta a principios del siglo XIX, cuando estos comercios vendían productos llegados de ultramar, pero también las novedades gastronómicas del momento. Por eso son los lugares donde se producen esas revoluciones comestibles de las que habla el libro, frente a los mercados, que solo vendían productos frescos a las clases populares.

Los colmados empiezan siendo esa despensa moderna donde compraba la burguesía del Eixample, aunque después se convierten en un término genérico para denominar las tiendas de comestibles que son autoservicio y que se convierten en vertebradoras de la vida de los barrios.

Lugares repletos de historias y vinculados normalmente a sagas familiares, aunque el libro no se queda en las meras anécdotas sucedidas a lo largo de estas décadas, sino que analiza su papel en la llegada a Barcelona de nuevos productos o tendencias. La popularización de las conservas o los lácteos así como los primeros pasos de la publicidad de alimentos suceden en estos colmados.

Si la gastronomía está ligada a la sociedad, la cultura y la política de un momento, los escaparates de estos colmados se convierten en el espejo perfecto para comprender la evolución de la ciudad y de nuestros modos de comer a lo largo del tiempo, destaca la autora.

¿Sobrevivirán? Lo cierto es que las tendencias actuales, que dan más importancia a la denominada experiencia de compra y a detalles como saber la procedencia de los alimentos o el asesoramiento personalizado, se han convertido en una balón de oxígeno para los que han resistido hasta ahora.

Casa GispertJaime J. Renobell -nuestro lugar de referencia para comprar harinas y productos a granel- o el carismático Queviures Múrria son tres ejemplos de colmados que han llegado hasta nuestros días y que gozan de buena salud, convertidos en tiendas gourmet de referencia o especializadas en determinados ingredientes.

Pero -recuerda Butrón- tratarlos de emblemáticos posiblemente les hace un flaco favor y los acerca más a convertirse en una curiosidad histórica para los turistas en lugar de seguir siendo un comercio de la ciudad.