Ene 302013
 

Tortilla3

¿Recordáis cuando empezasteis a cocinar? ¿Aquel momento en el que únicamente podíais preparar con éxito unos macarrones con atún y tomate frito de bote, a lo bruto? Quizá algunos de vosotros estéis aún en esa fase. O a punto de entrar en ese estado que nos gusta denominar “la euforia del cocinillas”. Un concepto que está íntimamente ligado con el de “llegar a casa borracho y creerte Ferran Adrià”.

Sí, ese momento en el que has hecho tu primer sofrito con éxito, en el que has conseguido hacer una salsa de tomate natural que no te provoca acidez de estómago. Entonces -¡Oh sí! – piensas que eres invencible y que no hay ninguna receta que se te pueda resistir.

Durante la euforia del cocinillas es muy común pensar: “voy a llamar a mi madre para que me explique cómo hacer su plato estrella”. Si no lo has hecho aún, lo harás e inevitablemente, fracasarás. La buena noticia es que no es culpa tuya, cocinillas inexperto. Sólo es que todavía no entiendes el críptico vocabulario de las madres cocineras que, acostumbradas a elaborar sus recetas de memoria, han olvidado cómo explicarlas al resto de los mortales.

En La Gulateca queremos ayudarte con una serie de traducciones para entender cosas del tipo “eso tú ya lo ves” o “el guiso ya te lo pide”. Y empezamos, como no podía ser de otra manera, con una de los primeros platos maternos que todos nos lanzamos a preparar: la tortilla de patatas.

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