Jul 152013
 

Estamos en plena temporada de cenas colectivas al aire libre. El amigo que tiene una terraza que es la envidia del grupo, y que lejos de disfrutarla en solitario, aprovecha para hacer merienda-cenas que acaban en gin tonics. En todas ellas el menú es el mismo: que cada uno traiga algo y picamos de todo.

Quiche_01

Y esto es como los vestidos en las bodas, no queda bien repetir plato. La primera y segunda cena la salvamos con la extraordinaria tortilla de patatas o la fantástica ensaladilla rusa de nuestra madre. Pero a la que llevamos unas cuantas la imaginación decrece.

Por eso hoy compartimos una de nuestras últimas creaciones para cenas informales: una quiche. Sí, no es la originalidad absoluta, pero una tarta salada es fácil de preparar y admite mil variaciones. Esta de hoy, como toque diferente, lleva almendra en crudo. El fruto seco liga de maravilla con los demás ingredientes y le da una textura algo diferente.

El único inconveniente es que necesitamos horno, ¡y con este calor! ¿Pero qué es un rato de sauna si se obtiene a cambio el reconocimiento como cocinillas del grupo?

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Mar 192012
 

Aunque en La Gulateca nos pierde la cosa glamourosa, a veces también podemos ser de lo más campechanos. ¿Acaso hay algo más terrenal que usar una receta sacada de una caja de copos de avena comprada en Mercadona?

Hacía tiempo que le teníamos ganas a esta especie de quiche avenera y se nos ha ocurrido que puede ser una buena forma de redimir en plan vegetariano recientes orgías carnivoras a base de euskal txerri.

Esta vez hemos sido bastante fieles a la receta original, pero no hemos podido resistir la tentación de intercalar con las espinacas unas ciruelas. La idea de añadir también un poco de jamón fue finalmente vencida, pero la verdad es que luego nos arrepentimos de tanto purismo vegetal. No se corten y échenle algo que le de gracia.

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Ene 232012
 

¿Es lo mismo una tarta salada que una quiche, aunque suene mucho más sofisticado? Una de esas dudas existenciales que la humanidad lleva décadas haciéndose y para la que, así en frío, no tenemos respuesta.

Lo que si sabemos es que, independientemente de cómo les llamemos, la gran ventaja de este tipo de tartas es que aceptan absolutamente todo lo que tengamos a mano. En nuestro caso, por ejemplo, nos hemos animado por una versión a base de puerros -que le sientan estupendamente a las quiches-, unos mejillones y unas gambas que pasaban por allí y que, oye, elevan un poco el listón del plato.

La preparación no tiene ningún misterio, aunque como siempre el nivel de artesanía que le queramos poner al asunto determinará si es cuestión de minutos o la receta requerirá un poco más de tiempo. Por ejemplo, la masa brisa o quebrada la podemos comprar hecha o animarnos a hacerla en casa. Y los mejillones lo suyo sería cocerlos, aunque esos ya cocidos envasados al vacío son una excelente opción si andamos un poco vagos.

Troceamos y pochamos los puerros a fuego suave para que se vayan haciendo poco a poco. Opcionalmente podemos añadir un poco de cebolla. Salpimentamos y un buen chorro de vino blanco a media cocción para animar un poco el guiso. En unos 20 minutos seguro que ya están listos y en la cocina ya huele estupendamente.

Añadimos los mejillones ya cocidos y las gambas, rectificamos el punto de sal y en 5 minutos tendremos listo el relleno. Por supuesto, podemos añadir cualquier condimento que se nos ocurra y que case bien con el tono un poco marinero de la receta o, si queremos darle color, un poco de tomate frito tampoco le sentará mal.

Aunque perfectamente podríamos usar esta mezcla directamente sobre una masa para elaborar una coca o una focaccia buenísima, si lo que queremos es conseguir una quiche batimos un par de huevos, 150 ml de nata líquida y le añadimos el combinado del puerro, los mejillones y las gambas.

En un molde redondo tenemos extendida la masa brisa que, como buenos cocinillas, sabemos que hay que ir pinchando con un tenedor para que no se hinche durante el horneado y quede como un queso de gruyere. Repartimos el relleno y al horno, que habremos precalentado a 180 ó 200 grados.

En unos 20 minutos debería estar cuajada y lista, aunque como cada horno es un mundo lo mejor será estar atentos y comprobar cuando ha cuajado la masa. Si además se nos ha dorado un poco por encima, perfecto. El objetivo es que quede más presentable que la nuestra. Algo que, por cierto, no será demasiado complicado.