Abr 142014
 

torrijas2

La Semana Santa, ese oasis vacacional que se presenta justo cuando el “necesito vacaciones” empieza a taladrarte la mente cada vez que te pones frente al ordenador para currar, estudiar o actualizar tu perfil en Infojobs sin éxito. Los días soleados empiezan a ser la tónica habitual y los nostálgicos del verano sacan su look California Dream del armario. Tú, poco amante de las altas temperaturas y atrapado en la ciudad, los ves caminar por la calle, con sus gafas-hipster, sus bermudas y -¡oh, sí!- sus bambas sin calcetines y deseas verlos llorar, como lo hacen los cofrades que no pueden sacar a su patrona en procesión por inclemencias meteorológicas.

Los oyes hablar por su Smartphone en la parada del autobús: “Nos vamos todos a un apartamento en la costa, ¡tengo unas ganas de playita!”. Notas que tus instintos asesinos afloran e invocas a los dioses para que una ciclogénesis explosiva se los lleve a ellos y a su apartamento en la costa, muy muy lejos. “¡Qué en Semana Santa llueve! ¡Qué aún no es verano! Donde estén unas mini-vacaciones en el pueblo, con un buen puchero y unas torrijas…”.

“¡Eureka! -te dices- este año me monto mi propia Semana Santa urbanita” y citas a todos tus amigos para una merendola a base de torrijas el Jueves Santo. La primera y única vez que te lanzaste a hacerlas pensaste que era suficiente con empapar pan de molde en leche y huevo y freírlas y aunque te engañas a ti mismo diciéndote que menos es más y que lo básico es lo mejor, sabes que sólo hay una forma de obtener unas torrijas gloriosas. Antes de que te des cuenta, estás llamando a tu madre. Un tono, dos tonos… Continue reading »