Un par de rodajas de salmón muertas de risa en la nevera. ¿Otra vez a la plancha o al horno? ¿En papillote de nuevo? Aunque son dos fórmulas muy socorridas para preparar este pescado -y muchos otros-, esta vez se nos ha ocurrido probar algo diferente. Teníamos por casa un paquete de algas deshidratadas (Wakame, de Porto-Muiños) y ganas de utilizarlas en algún plato.
Una de esas recetas improvisadas que no tienen ningún misterio. No se tarda nada, queda realmente buena y además el resultado es aparente y con un aspecto sano y oriental -sobre todo si ponemos al lado un par de palillos- que vende mucho.
Lo ideal sería tener unos lomos de salmón bien gruesos, pero nos apañamos con cualquier cosa. Incluso esas rodajas mustias de las que hablábamos. Así el reto será mayor: convertirlas en algo medianamente decente.
Antes de nada, ponemos las algas en agua con un poco de sal, según las instrucciones. En el caso de estas wakame, 10 minutos es suficiente. ¿Cantidad? Depende de lo que nos gusten o del protagonismo que queremos que tengan en el plato. Su volumen aumenta considerablemente, así que con un puñado para dos raciones puede que sea suficiente.
