Ene 022013
 

Llevamos unas semanas trasteando con la panificadora SD-ZB2502 de Panasonic. Dicen los expertos en la materia que representa la gama alta de estos aparatos de cocina que, sin duda, son siempre buenos candidatos a convertirse en los regalos estrella de estas fechas navideñas.

El modelo que hemos probado incluye entre otras virguerías una bandeja para añadir los frutos secos a última hora a la masa, así como un dispensador para la levadura seca. También cuenta con 15 programas distintos, incluidos algunos dedicados a la elaboración de compotas -aunque todavía no nos hemos animado con ellos- y otros pensados únicamente para amasar y levar masas y que, por tanto, se saltan el paso del horneado.

Como novatos en el mundo panarra y en esto de las panificadoras, nos ahorraremos los sermones sobre las bondades o defectos de la máquina en comparación con otros modelos.

En líneas generales, para los adictos al pan casero nos parece una estupenda inversión. Es cierto que el pan no queda como el que va al horno -recuerda más al pan de molde que a las hogazas, por decirlo de forma clara- pero también es verdad que podemos usar la máquina para amasar y fermentar y pasar después al horno convencional.

En cualquier caso, las ventajas en cuanto a comodidad, limpieza y control del tiempo son indiscutibles. En el caso concreto de este modelo, podemos tener un pan listo en apenas dos horas -a base de mucha levadura claro- pero la mayoría de programas rondan las cuatro horas. Eso sí, la sencillez es extrema: poner ingredientes, elegir el modo, el tamaño y el nivel de tostado y listo. Interesante también el programador, que permite retrasar unas horas el inicio del proceso. De todos modos, un reloj haría que el proceso fuera bastante más intuitivo.

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