Nov 222011
 

Otoño sabe a membrillo. Estamos en plena campaña de producción de este apreciado dulce, que podríamos decir que es la madre de todas las confituras, la más antigua.

El membrillo (el fruto) es de la misma familia que las manzanas y las peras – ¡y las rosas! – pero su aspecto rudo y poco apetecible nos parece más propio de frutos salvajes y primitivos. De hecho es muy probable que las primeras manzanas y peras, antes de ser domesticadas, fueran muy parecidas al membrillo.

Según explica Harold McGee en su libro “La cocina y los alimentos” – una obra enciclopédica muy recomendable- desde bien temprano el hombre descubrió que este fruto tosco, astringente y difícil de comer en crudo cambiaba completamente al cocerlo con azúcares. El resultado era un producto de textura agradable y sabor suave. Ya en el siglo IV cocían membrillo en miel, aunque no fue hasta la “democratización” del azúcar – su bajada de precio en el siglo XIX – cuando se normalizó la producción de la carne de membrillo.

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