Jul 092012
 

Acostumbrados a encontrar calabacín durante todo el año, muchas veces se nos olvida que es ahora cuando esta verdura está en su mejor momento de precio y sabor. Así que, como es posible que ya estemos un poco hartos del repertorio clásico (pisto, cremas…) podemos recurrir a la técnica de siempre: saquear la despensa y aprovechar lo que haya para improvisar una lasaña en la que en lugar de pasta usaremos calabacín para separar las capas.

Es muy fácil de preparar y además puede ser un buen sistema de colar un poco de verdura a esa extraña raza de seres que asegura que no les gusta nada de color verde.

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Feb 132012
 

La teoría dice que mezclando cosas que están ricas por separado, el resultado final sólo puede ser delicioso. Aunque es una ecuación bastante discutible -nocilla y jamón, en fin- a veces funciona. Así que cuando vimos una calabaza muerta de aburrimiento en la cocina y unas láminas de pasta de espinacas (de color verde, vaya) se nos encendió la bombilla. ¿Por qué no una lasaña de calabaza?

Para el relleno hemos cortado la calabaza en dados no muy grandes y en lugar de cocerla o asarla, directamente a la cazuela con un poco de aceite de oliva y cebolla. A fuego no muy fuerte en unos 15 minutos ya está casi hecha y suficientemente blanda. Tampoco nos interesa que se deshaga porque, además, después irá al horno y ya se acabará de hacer. A última hora se nos ocurrió añadirle también unas pasas para animar un poco más el relleno, que ya se sabe que la calabaza puede resultar un poco sosa por sí sola.

Empezamos a montar la lasaña como siempre. Tendremos una bechamel preparada -o de las que venden ya listas, si estamos en plan vagos- y en una bandeja para horno ponemos una pequeña capa y encima las láminas de pasta. Por supuesto, si la pasta es casera la receta estará mucho más buena, pero en este caso hemos optado por unas que ni siquiera necesitan cocerse. Basta con tenerlas unos minutos en agua tibia para que se ablanden un poco y listo. Más fácil, imposible.

Sobre la capa de pasta ponemos el relleno y más bechamel. Si no nos pasamos demasiado con la salsa el resultado final incluso podría pasar por ser algo medianamente sano, así que cada cual decida.

Llegados a este punto y en otro alarde de improvisación nos preguntamos si con tanta calabaza y tanta pasa la lasaña no acabaría pareciendo una especie de tarta dulce. Solución: introducir una capa con algo que contraste. ¿Unas láminas de tomate y unas anchoas? Venga.

Como el tomate siempre resulta un poco ácido, después de cortarlo y colocarlo le añadimos una pizca de azucar antes de sazonarlo con un toque de pimienta. Por la sal no hay que preocuparse, que de eso ya se ocupan las anchoas.

Un poco más de salsa, cubrimos con otra capa de pasta y casi listo. Por encima la última capa de bechamel y un queso que nos guste y que gratine bien. Al horno unos 20 minutos a 180 grados (que coja color la parte superior y poco más) y ya tenemos una receta de lo más innovadora y con ese contrastre dulce-salado que siempre triunfa.