Pensaba hacer una mala crítica de este cómic. Sólo es gracioso, pensé. Parece que en la crítica lo gracioso no tiene cabida, solo el drama y la tragedia.
Pero cuando me he puesto a escribir me he acordado del libro sobre La Risa de Henri Bergson. También de Freud y el chiste, pero me ha dado demasiada pereza.
Bergson decía que la sociedad responde a las impertinencias con la risa, haciendo de la comedia una impertinencia todavía mayor. La tragedia y la comedia, decía.
Este cómic es una recopilación de las tiras cómicas de Guillaume Long publicadas en Le Monde, así que no esperen unidad en A comer y a beber. Es un libro principalmente de anécdotas, algunas divertidas, otras un poco flojas. Unas largas en exceso y otras jugadas maestras, como las dedicadas a los viajes.
Pero volvamos a Bergson y a mi problema con hacer una mala crítica. Y es que, pasado el tiempo y pensándolo mejor, el cómic ha acabado por gustarme. ¿Por qué? Porque al final, después de este proceso de unión de tiras cómicas -sin unió- hay una historia trágica. En la comedia siempre hay tragedia, por eso nos reímos siempre del que se cae por las escaleras.








